La música.
¿Saben cuál es una de las mejores cualidades de la música?
La diversidad.
¿Saben qué puede ser muy interesante e (involuntariamente) divertido?
Escribir sobre música, y hace unos días me encontré con un ensayo que que mi hizo reflexionar y soltar unas carcajadas que el autor obviamente no buscaba, mírenlo, aquí está.
Parece que es un escrito serio, parece además que el que lo escribe se tomo la molestia de documentarse sobre el tema, todo muy bien hasta ahí, pero cuando lo leí estaba de humor simple y no pude evitar soltar algunas carcajadas al leerlo y ahora tengo una duda ¿esté caballero sabe lo que dice o sólo desvaría? yo seré un sujeto que dedica su tiempo libre a describir puestos de quesadillas, pero nadie me podrá negar que mi duda es válida. No creo que que mi humilde y gandul opinión genere polémica, ni que abrirá debates, qué más quisiera yo, pero estoy consciente de que el total de mis lectores no alcanza ni para armar una reta de futbolito, de todas maneras, venga de ahi.
Cita: “Mi formación como teórico de la sociocultura roquera siempre se encuentra en conflicto. En choque con muchas cosas, comenzando, siempre, con mi propia conciencia. Nunca se aclara bien algo del rock como idea teletransmisora de la libertad. Siempre hay dudas, incertidumbre.”
Uy, comprendo perfectamente el conflicto de la profesión: Teórico de la sociocultura roquera; y estoy seguro de que es una profesión porque no creo que nadie sea T.S.R (Teórico de la Sociocultura Roquera ¿captan?) por mero hobby, y ser eso debe de ser difícil, tan sólo para la declaración de impuestos ¿o acaso creen que esos cabezaduras de Hacienda comprenden esa actividad? ¿creen que al comprar la discografía completa de El Tri van a devolver el deducible?, es obvio que no, es algo que ellos no comprenden, como sucede con todas las ideas teletransmisoras de la libertad, y respecto a eso último, estoy completamente de acuerdo, todo ideal emancipatorio puede ser rebajado, empaquetado y quedar reducido a un mero guiñapo de lo que alguna vez representó o se creía que representaba. Depués de eso son puras vergüenzas; y sólo no sólo le pasa a Molotov, también a bandas buenas, supongo que pasa porque a pesar lo que las groupies digan, son seres humanos, y esa rara especie puede llegar a cansarse de joder la marrana después de un rato, sobretodo si a quién jodes es a The Man, después de ver como los roqueros y rebeldes de antes se convierten en adultos contemporáneos con complejos mesiánicos o viejitos simpáticos que hacen duetos con la rocker-boy band del momento queda claro que es necesario replantear un poco eso del rock como, vuelvo a citar “idea teletransmisora de la libertad”, es una idea sensata claro que chí, pero antes de ver lo que se propone el autor de “Revolución número nueve”, veamos algunas aclaraciones que hizo antes:
“Ya no creo en las etiquetas o en las clasificaciones perfectas. Toda definición es tentativa, una alegoría que se desea plausible pero no La Verdad. Cuando escribo de rock, no busco los principios o los finales de cosa alguna. Tampoco las anécdotas y las estadísticas. Imposible, por absurdo, querer decir la última o la primera palabra sobre algo, lo que sea. Más absurdo cuando se habla de un fenómeno tan diverso y extenso como lo que aquí llamo “rock”. ”
Lo anterior estuvo a dos comas y un Pinfloydazo de convertirse en un discurso de pachequín de las islas (las de la UNAM), habla de la extensión y diversidad de lo que el llama “rock” que supongo es lo que mucha gente también llama “rock” y mi abuelita llama “rocanyoll”, para muestra de las diversidad, dos botones: este y este. Para meter todo eso en una misma bolsa es necesario mucha apertura mental y unos cuantos kilos de alucinógenos ligeros, nadie me puede negar que el “rock” ambas cosas por montones, pero aún no es tiempo de que empieze lo bueno, primero vienen otras reflexiones.
“Desde mi primer trabajo como escritor de este género, hace ya algo más de cuarenta años de ello, lo que más deseo con la escritura es filosofar sobre este género como un disparadero de contracultura libertaria.”
“Desde mi primer trabajo como escritor de este género, hace ya algo más de cuarenta años de ello, lo que más deseo con la escritura es filosofar sobre este género como un disparadero de contracultura libertaria.”
Podemos darnos cuenta de que el señor estaba adelantado a su tiempo, cuando seguramente la mayor parte de sus contemporáneos estaban preocupados por agitar la greña y meter mano en cuanto calzón y pantaleta se les pusiera enfrente, él veía rock (o al menos lo que el llama “rock”) como una especie de catapulta para el cambio de orden de las cosas, hablando de catapultas, nótese que ya nos disparó de nuevo eso de la libertad, un tema importante sin duda, veamos que tiene que decirnos de la libertad:
“la auténtica libertad es un producto real del trabajo humano, no un don de la naturaleza o una casualidad de la especie. La libertad es un fenómeno sociocultural y civilizatorio en verdad muy poderoso, dominante, camaleónico, que siempre depende de nuestro trabajo real para adquirir pleno sentido, para alcanzar a ser de verdad cierto y plausible para todo el mundo.”
Lo anterior no es el hilo negro, ni siquiera un estambre de color bonito, pero agradezcamos el tip, sólo démonos cuenta de que el rock (ya me cansé de las comillas) puede influir en la libertad como la salsa influye en el taco, pero basta de preámbulos, pasemos a lo que nos truje:
“En este momento, considerada en forma objetiva, la música en general está metida en un grave problema. Toda la música parece funcionar en este momento histórico como una especie de droga espiritual muy poderosa, el sustituto inmediato y constante de la religión como “opio del pueblo”.”Música en crisis, ni que decir, cuando un sujeto que se hace llamar Tito el Bambino (sin ser italiano) se encuentra en la lista de los cuarenta principales la música no sólo se encuentra en crisis, también lo esta la decencia, el sentido común, los tímpanos y cualquier chance de redención de la raza humana que pudiera presentarse; que gusto ver esa franqueza, por el lado malo tenemos la ya tan usada expresión de opio del pueblo (quito las comillas porque considero que los lectores comprenden que no estoy hablando de una pipa gigante de opio en la plancha del zócalo de la que pueden fumar todos, ni tampoco que imaginen a un señor repartiendo opio de puerta en puerta como si fueran Yakults, gracias), que ya a estas alturas deja polilla donde sea usada, lo digo en serio, ya ni los conductores de Hoy se escandalizarían con eso, eso ya no mueve a nadie ni siquiera los de Provida reaccionan con eso, no soy quién para sugerir algo mejor o peor aún, decir que expresión pudo haber usado en lugar del choteo marxista, pero si puedo decir que alguien que lleva cuarenta años escuchando y sociológicamente analizando al rock puede salir con algo sino más creativo y más impactante, digo yo ¿no?. Pero esto no es todo.
“Para una sociedad nihilista pasiva con miedo a pensar de verdad por cuenta propia, la música llena de muchas maneras los momentos de inseguridad e incertidumbre, lo mismo que los de alto valor simbólico(...) la música ocupa mucho tiempo de la vida cotidiana y lo hace anestesiando y amnesiando, lo que la vuelve intolerable, aunque no lo parezca de principio. Hoy día, la música es el pretexto para casi todo. Con música se piensa y hace la vida entera. Es un fondo que aturde, creo yo, para no sufrir y chocar con el desorden aún imperante dentro del salvaje tardocapitalismo financiero que impone y domina la globalización.”
Creo que ya se está exaltando, y admito que me gustaría ver a este señor exaltado, imagino que la inspiración para su ensayo le llegó cuando el pollero cortaba unas mollejas mientras silbaba “El sonidito”, o bien cuando subió al pesero cuando era la hora de Luis Miguel, como sea, es de admirar que mientras otros nos limitamos a mentar madres, don Mendiola se da cuenta de que el “tardocapitalismo financiero” (al escribir eso último agradecí al cielo la existencia de las comillas) vuelve a hacer de las suyas, y para eso sólo él y esos de la teoría de los reptilianos. Seamos justos, es cierto que hay quienes escuchan la música para olvidar que van en un camión guajolotero a la nada (o sea al trabajo) o para mentarle la madre a la desamada, o para sentirse machos, o como una excusa para besar al compadre o a la comadre o para arrimarse a las zonas erógenas de cualquiera de los dos o, para decirlo en pocas palabras, para olvidar un rato que nuestras vidas son bastante miserables, y estoy consciente que todo lo anterior podría ser acompañado por música de calidad, o bueno, mejor no usemos esa palabra, mejor digamos música que no parezca vomitada por un Elmo Cosquillitas descompuesto, y de ahí vamos al tema de ganar dinero supongo y de ahí al blablabla; me decepcione un poco, por que cuando se habla de música llenando momentos yo imagino parejas perdiendo la virginidad al son de un rico rock... bueno la verdad no imagino eso, sería un poco tétrico, pero espero que hayan captado la idea, el problema es que el autor se emociona y poco le faltó para gritar !Larouche! !Larouche!, aunque si alguno de los lectores si pensó en las garras de los puercos capitalistas (puercos con garras ¿quién lo diría?), tal vez el del error soy yo, si es así, les juro que es un error honesto y que no actúo por órdenes de Ellos, palabra.
Ahora, sigamos:
“Es hora de volver a desconfiar de la música. Tiempo para la reflexión crítica. Romper la costumbre.”
Ahora, sigamos:
“Es hora de volver a desconfiar de la música. Tiempo para la reflexión crítica. Romper la costumbre.”
Todo claro, todo muy claro, me apresuró a decir que yo empecé a desconfiar de la música desde que la radio me empezó a pedir que le diera más gasolina, para que vean que quiero cooperar con el autor.
Dato curioso: Todo lo anterior se escribió sólo con la mano izquierda porque la derecha no resistió la tentación de levantarse puño cerrado hacia el aire con esas primeras líneas que ya quisiera Fidel Castro (Fidel Castro es un señor de mi colonia que gusta de la oratoria, no crean que hablo del señor ese que domina Cuba), e insistimos con la polilla, estamos ya en una era donde se habla de posmodernismo y nos siguen recetando conceptos sesentaiocheros, entiendo que en esos años se la pasaron de huevos y todo eso, pero, ¿ya chole con eso de burgueses no? me parece que a estas alturas ya perdió el significado, ya no sabe uno si se es burgués por ser banquero o hijo de banqueros, por tener tarjeta de débito, por hablar inglés, por irle al América o por comer tres veces al día; ya se que no es culpa de quién escribe las palabras, sino de los que las leen al revés y se las aprenden para gritarlas en las tocadas de Ska-p, pero por eso mismo creo que decir burgués tiene el mismo impacto y significado que decir pinche fresita, sólo que al decir burgués demuestras que fuiste a la prepa; y con lo del círculo vicioso casi me espanta porque a mí me pareció que el señor estaba escribiendo en espirales cuando repitío no se cuantas veces las palabra costumbre, pero como de costumbre, yo estaba mal, que bueno que el autor aclaró que era un círculo, porque si no...uf, en fin, mejor imaginemos que acabamos de inhalar pintura para olvidar los enredos anteriores al menos por unos momentos, recuerden que aún hay más.
“Un punto de ruptura del esquema domesticador de la música, como opio adormecedor del cuerpo y la conciencia, lo representa, a mi entender, de modo ejemplar, una pieza de los Beatles. La más extraña y anormal “canción” dentro de su repertorio. La que se conoce como “Revolución 9”, penúltima grabación del cuarto lado de la obra con dos discos LP que se conoce como el álbum blanco de los Beatles (1968). Una grabación electrónica con duración de ocho minutos y medio. Algo en todos sentidos fuera de serie”
Y aquí vamos, y confieso que se hicieron presentes mis prejuicios de atípico reaccionario (como reaccionario soy atípico porque soy cool, algo poco común en los reaccionarios) y en realidad es sólo un prejuicio y muy bobo, lo que pasa es que tanto preámbulo para hablar de una pieza ¿musical? que está directamente relacionada con Yoko Ono es para mí como esperar horas por un suflé y luego descubrir que el suflé es de mierda, no es es una comparación muy sutil, pero así es mi sentir; dicho esto, no hay más comentarios...al menos no hasta después de leer esto:
“Esta pieza de música experimental de vanguardia todavía hoy día incomoda de muchas maneras a la masa que sigue y admira a los Beatles. Es la menos reproducida en público y la que menos gente escucha en privado. Muchas personas la consideran de verdad molesta, casi una grosería o broma muy pesada, una auténtica mafufada; nada digno de tomarse en serio… y por ello resulta interesante. Es música. Eso es innegable. Música electrónica, de la más radical y todavía hoy novedosa. Un montaje de grabaciones diversas, muchas de ellas no de música institucional. Algo anómalo como música popular, más aún como música para el consumo de la juventud y la gente adolescente. Incluso dentro de la música considerada seria y de sala de conciertos, una grabación como “Revolución 9” todavía hoy día se presenta como demasiado “adelantada” y “provocadora”. No es lo mismo que otras piezas calificadas como “sinfónicas” de los Beatles y otros grupos de rock.”
!Discrepo! primero que nada porque Revolution 9 no sólo molesta a los seguidores de los Beatles, también molesta a los que tienen tímpanos, gran diferencia; además, sí no es más reproducida en público no es por el rechazo general hacia la Revolution 9 (¿cuando eso ha detenido a los artistas de performance?), sino porque no consiguen a nadie que diga numbernine tantas veces como la pieza lo requiere sin sufrir una embolia, y no es cierto que sea considera generalmente como mala broma o grosería, hay quienes la consideran la mejor canción para matar la mala hierba del jardín, hay quienes la usan para correr a los invitados en las fiestas de XV años, también sirve como entrenamiento si uno tiene que mudarse cerca de un aeropuerto, de hecho, en este momento, en algún lugar del mundo, alguien está confesando un crimen que no cometío al son (¿son?) de Revolution 9 y una vez que un despistado la puso en sus bocinas HI-FI, nos salvó inesperadamente de una invasión extraterrestre, así que lo que se dice marginada no está, y en lo personal, no creo que sea mala canción, tampoco buena, lo mejor que puedo decir de ella es que suena, suena como también suena cuando un automóvil arrolla una canasta llena de gatitos; ¿adelantada? ¿provocadora? tengo mejores adjetivos para ella, pero no los escribo porque podría estar horas soltando adjetivos, también porque creo que me está leyendo mi mamá y no quiero espantarla, pero eso es cosa mía; pero admito que no es igual que otras piezas sinfónicas,y tampoco parece haber influido en la creación de otras, si esto es bueno o malo, sólo el tiempo nos lo dirá...se admiten apuestas.
“Ni siquiera músicos tan radicales como Frank Zappa o Lou Reed, por buscar ejemplos límite dentro del rock de esa época, igualan algo tan vanguardista y anómalo como “Revolución 9”. Karlheinz Stockhausen, el músico experimental con cuya obra se compara a esta pieza del álbum blanco, dijo que los Beatles estaban haciendo los mismos experimentos de grabación que él para su obra Hymnen de 1967. Que no eran plagiarios o simples imitadores, sino sus pares por completo en la creatividad musical.”
Para los lectores morbosos, leyeron mal, la obra de Stockhausen es Hymnen, no Hymen, y ya que estamos hablando de Stockhausen, que bueno que le de su mérito a los Beatles, aunque también hay poca gente en el mundo que perdería la oportunidad de ponerse a la par de los Beatles, independientemente de la verdadera importancia, calidad o genialidad que estos tengan en realidad, pero recordemos que los Beatles en realidad son THE BEATLES, lo que despierta dudas es que no nos informa si Stockhausen hizo está declaracion estando sobrio.
“Esta pieza, atribuida a Lennon y McCartney, constituye una obra del porvenir, ya que todo en ella desborda aún hoy el esquema de lo que debe ser música.”
Aquí, en mi humilde opinión, la puerca torció el rabo, ¿lo qué debe ser música?, no lo sé, yo estoy dispuesto a apoyar casi cualquier cosa con tal de que Wisin & Yandel se ganen el pan con algo que no tenga que ver con usar micrófonos, pero de ahí a poner Revolution 9 como parámetro, no lo sé, bueno la verdad si lo sé, la respuesta es: No, rotundo No; en serio, ¿porqué Revolution 9 debe ser el parámetro?.
“Es una obra inquietante y asombrosa. No acepta la recepción domesticada. No proporciona el placer espectacular de la música en general, su principal ingrediente como adormecedor de la conciencia. Más bien, hace todo lo contrario. Es música libre, muy libre. Un acontecimiento que inquieta y provoca. No se le puede ignorar y no se le puede dejar pasar en forma indiscriminada. Pide respuesta, pide responsabilidad crítica ante lo que se acepta y reconoce como música y si se le presta atención, abre caminos en la conciencia. Hace pensar cosas nuevas, diferentes. Otras cosas que desenajenan de la música como ideología del Gran Bostezo y el baila hasta que te duermas, para que mañana regreses con ese ejercicio al tiempo de trabajo productivo para el capital financiero y todo eso.”
Muy bonito, pero me parece que lo que se está haciendo es lo peor que se puede hacer por el legado musical de los cuatro fabulosos, y es buscarle genialidad hasta a las fugas intestinales de John Lennon, ¿quieren saber qué es Revolution 9 para mí?: Imaginen a John Lennon como un magnífico taquero, nadie como el para hacer alambres, gringas y tacos de tripa, no tiene estudios, aprendió cocinando y sabe cuanta sal poner gracias a su instinto y talento, su genio de taquero si ustedes gustan, un natural; ahora imaginense a Yoko como una cocinera de academia, que conoce las más novedosas teoría sobre la pimienta y la mostaza, no tiene el talento necesario para influir con su cocina, pero si para influir a otros, como al taquero magnífico del cual ya hablamos, el taquero conoce un mundo que no conoció en su formación de changarros, y la chef le presenta un mundo de ingredientes nuevos y excitantes, el taquero como todo buen artista, busca un cambio, busca llevar su cocina hasta otro nivel, así que un día, con la aprobación de sus compañeros de changarro (tal vez a la mala, pero aceptaron de todos modos), decide introducir furtivamente una nueva creación en una orden de tacos de suadero, digamos que su nuevo platillo es un taco de pepino marino y carne de musaraña, sazonados con paprika, berenjenas pasadas y bilis de pez gato, sorpresivamente, el platillo le supo mal al comensal, ¿porque le supo mal? ¿porqué es un retrógrado? ¿por que el taquito de bilis es demasiado adelantado para los paladares de su tiempo? ¿es un taco incomprendido? digamos que el comensal es una persona de mente abierta a la que simplemente no le gustó lo que comió y punto. No hay que andar por ahí tratando de defender el taco fallido como si fuera una de las últimas esperanzas de la gastronomía, la música puede ofrecer tantas posiblilidades que me parece una pérdida de tiempo dedicar tanto tiempo a escuchar a un cabrón repetir “numbernine” como un imbécil que no sabe que número va después del nueve, ¿y qué tiene de malo escuchar música para después levantarte a trabajar? ¿porque alguien que se define como teórico de la sociocultura roquera termina sus sesudos ensayos con un “y todo eso”? ¿le dió flojera seguir pensando en palabras complejas?, muy mal señor; además, no creo que un pasante en “x” tribunal comience a cuestionar los métodos de aplicación de justicia después de escuchar Revolution 9, puede que logre sabotear el juzgado con conversación aburrida (!conversacion aburrida para un juzgado! !horror!) y que se deje crecer una simpática barbita, nada más.
“Una pieza descomunal. Válida por completo como senda de libertad, desde hace ya más de cuatro décadas. Buena razón para escribir este ensayo voluntariamente raro sobre ella como constelación de imágenes para la acción libertaria directa. Nuestra comunicación.”
Sí, como sea; el autor está en su completo derecho de llamar como quiera a Revolution 9, y puede considerarla como senda de libertad, o como tema de conversación o como método para encamar estudiantes de sociología; pero debo decir que los Beatles ya hicieron lo que pudieron hacer, la gente de su generación hizo lo que pudo hacer con su música y con su imagen, a mi generación no le pueden dejar más que bonitas canciones, hermosas canciones si quieren, pero ya hay que superarlo, hay más música flotando por ahí, no perdamos el tiempo con Revolution 9, seguir estancados en sueños sesenteros es tan malo para la música como Dady Yankee tomando la dirección del conservatorio de Viena; ¿hay que cambiar la manera en que se está haciendo música? claro que sí, pero no como lo propone el ensayo, confio en escuchar gente que sepa como hacerlo !vamos muchachos! mis oídos esperan, y como nota final, ¿para qué dice que el ensayo fue “voluntariamente raro”? eso es un poco anticlimático, o para ser más precisos, estuvo mamerto*. Ni modo y a otra cosa.
*Mamerto: dícese de quién confunde el pensar con debrayar, el ser rebelde con ser contreras, el tratar temas complejos con ser incomprensible, el ser conocedor con ser un sabelotodo y el ser espontáneo y desinhibido con ser un pendejazo insoportable.

